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Son muchas las mujeres a quienes les gustaría dominar mucho más y mejor su melena un tanto rebelde. Las grandes marcas, al igual que las pequeñas, rivalizan entre sí, prometiendo lo imposible. ¿Cómo tener un pelo liso, sedoso y brillante, sin dañar su salud, y sin pasar horas y horas alisándolo? Hoy descubriremos que el alisado brasileño, no siempre es un método seguro para tratar el cabello.

No hace tanto tiempo que el alisado brasileño se introdujo en Europa, y lo hizo con un gran éxito, intentando popularizarse entre todas las clases sociales. Este producto milagro conlleva ciertos riesgos, concretamente con relación a su alta concentración en formol.

La queratina, el formol y la vida diaria

El alisado brasileño se vende como un cuidado capilar a base de queratina, y que sirve para reparar el cabello. Su éxito se debe a esta proteína, que es la encargada de formar las uñas, el pelo y el vello en general. Son varias las marcas que han comercializado este tratamiento, destacando primero la queratina, es decir el lado natural del alisado. Sin embargo, estas marcas no suelen hablar de otros componentes, como el formol, que se puede definir como un conservante.

mujer con melena sueltaEsta sustancia química se encuentra en muchos productos, y también en alimentos, pero en concentrados muy pequeños, y permitidos por la ley. Sin embargo, existen ciertos derivados y ciertas marcas que ofrecen el alisado brasileño, pero con una concentración superior al 0,2% reglamentario.

Efectivamente, poner mucho formol y menos queratina suele ser más rentable. Por lo tanto, no es tanto el alisado brasileño en sí mismo el que es peligroso, sino la sobredosis de formol. No nos olvidemos de que esta sustancia química es alergénica y cancerígena, por eso se debe evitar el uso frecuente, y la exposición prolongada a los vapores de formol.

En realidad, el mayor riesgo lo sufre el peluquero, que en la última etapa de este cuidado, debe alisar el pelo con la plancha de mano, a una temperatura bastante elevada. A través de este método, el producto penetra en el pelo, se fija y desprende vapores. El peluquero responsable debe trabajar con una mascarilla, no inhalar los vapores, y realizar los tratamientos en un espacio bien ventilado.