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Sea cual sea vuestra edad, o vuestro tipo de piel, se trata del secreto de belleza número uno: nunca acostarse sin estar correctamente desmaquillada. Veamos algunos trucos para un desmaquillaje perfecto.

Desmaquillar los ojos

Comenzar por limpiar bien los ojos, porque es una parte muy delicada del rostro.

Si os maquilláis mucho, utilizar un desmaquillador enriquecido con elementos grasos para diluir las zonas más resistentes. Si por el contrario tenéis los ojos sensibles, elegid un producto suave, hipoalergénico.

Empapar un algodón de vuestro producto, y extenderlo sobre el párpado, sin frotar, hacia abajo, y luego hacia arriba, para limpiar bien las pestañas. Repetir este mismo proceso, pero cambiando de algodón.

Desmaquillaje de las pieles secas y sensibles: optar por un desmaquillador suave.

Elegir la fórmula en función de vuestro tipo de piel: mejor alguna leche y emulsión que no haga falta enjuagar, para pieles secas o sensibles. Un desmaquillador debe permanecer un máximo de 30 segundos sobre la piel: si es eficaz, debe limpiar en profundidad, y sin dejar residuos.

Poner un poco de producto y aplicarlo con los dedos sobre la cara, haciendo masajes suaves en la piel para disolver las impurezas. Eliminar las trazas de producto con un algodón o un pañuelo de papel. Para el desmaquillaje de las pieles grasas o mixtas: elegir fórmulas purificadoras.

El tipo de piel

Lo ideal es utilizar limpiadores que se vayan con el agua: esto os permitirá sentiros limpias y con sensación de frescura.

Humedecer el rostro, masajear suavemente el producto hasta que haga espuma (se puede utilizar una brocha), y finalmente enjuagar con agua abundante. Sobre todo, secar con una toalla, porque una piel que se seca al aire libre, termina dañando la película hidrolipídica.

Otra opción, la loción

Se trata de un gesto facultativo, pero muy apreciado en Asia y en los Estados Unidos, a pesar de que en Europa no se utiliza mucho. La loción se utiliza sobre un algodón, tras una limpieza de la piel, para cerrar los poros y aportar una capa hidratante suplementaria. Las aguas florales son el equivalente natural. Elegir una fórmula que se adapte bien a vuestro tipo de piel.