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Mucho más nutriente, más fundente y reparador, el bálsamo es el mejor de los cuidados para la piel en invierno. Su fórmula enriquecida colma las necesidades de la epidermis. Es normal que en invierno nos preguntemos sobre cuál es el mejor cuidado para tratar la piel durante los meses de frío.

Ciertamente, el bálsamo es bastante desconocido por su textura «grasa» y ciertas cuestiones en cuanto a su uso demasiado específico. En realidad el bálsamo es el cuidado epidérmico que más beneficios aporta a la piel. Su fórmula, al igual que su textura revolucionan los gestos cotidianos de cuidados cutáneos, pero también colma cualquier necesidad particular de la piel durante el invierno.

Una fórmula específica

Debemos reconocer que el bálsamo no se parece a ninguna otra crema. Este producto cosmético mezcla ingredientes de tipo aceitoso y también acuoso. Se trata de un tratamiento muy rico y consistente, mientras que una crema es untuosa y más suave. Los bálsamos son cuidados mucho más reparadores, con una fase grasienta más acentuada. En un bálsamo se asocian ingredientes como los aceites, y las mantecas, que rostro de mujeraportan lípidos.

Los aceites vegetales escogidos son aquéllos que ofrecen un mayor perfume y propiedades hidratantes. Las mantecas vegetales aportan la «duración», incluso se le añaden ceras.

Bálsamo y sequedad de la piel

Antes de quejarse de que el frío del invierno consigue secar la piel, lo mejor es utilizar un producto que se adapte bien a nuestro problema concreto. La fórmula del bálsamo es la que más se parece a nuestro film hidrolipídico. Este producto garantiza una absorción rápida y unos efectos más prolongados. Este film se va deteriorando con los años. Para que pueda desempeñar eficazmente su papel, especialmente en invierno, se debe restaurar a menudo.

Y precisamente son los bálsamos los que mejor cumplen esta misión, puesto que contienen ingredientes grasos, y nutrientes. Cuando bajan las temperaturas, la piel reclama ciertos productos regeneradores y nutrientes diferentes a los que necesita habitualmente. Por una parte, la piel produce menos sebo que durante el resto del año. Y por otro lado, vamos más cubiertas, y las zonas de frotación favorecen una exfoliación anárquica. Durante el invierno, son muchos los factores que amplifican la sequedad mecánica de la piel.