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La carboxiterapia es una operación que consiste en inyectar pequeñas cantidades de gas carbónico (CO2) en la piel. Este gas provoca un desprendimiento cutáneo, antes de extenderse por la sangre.

La difusión del gas carbónico aumenta el flujo de sangre y favorece la oxigenación de muchas células, particularmente de los fibroblastos. Estas células se encargan de la fabricación de la elastina y del colágeno, principales responsables de la firmeza y de la elasticidad de la piel.

Si la carboxiterapia constituye un arma ideal para combatir las estrías, cuando se asocia a otras técnicas, permite multiplicar su eficacia. Todavía no se conocen intolerancias, y el gas inyectado se elimina de forma natural por el organismo.

CarboxiterapiaAdemás, los efectos secundarios de esta terapia son numerosos y de menos importancia, como los hematomas, y las equimosis. La carboxiterapia se desmarca de otras operaciones de estética: no hace falta convalecencia ni permanencia en el hospital.

El tratamiento de carboxiterapia

Para eliminar las estrías, basta con seis a doce sesiones de carboxiterapia. El número de sesiones varía en función de la calidad de la piel, y hay que contar entre diez y quince días de intervalo entre cada una de las sesiones.

A parte de algunos picores subcutáneos durante el tratamiento, la operación se realiza sin molestias, y no se siente ningún tipo de dolor. La carboxiterapia puede ser completada con una liposucción, pero un tratamiento que se realiza en su totalidad permite evitar esta eventualidad.

La operación la realiza un cirujano, un dermatólogo o un médico plástico. El especialista encargado de la carboxiterapia procede a la inyección del gas con ayuda de una aguja muy fina.

Tras esta inyección, las estrías más sobresalientes y blanquecinas tienden a desaparecer, y la piel va recuperando progresivamente la uniformidad de su textura. Si la piel se hace más homogénea al término de la carboxiterapia, el resultado no se consigue sin un mínimo de seis sesiones.