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Normalmente, en vacaciones, solemos saltarnos el desayuno. No olvidemos que esta comida es fundamental durante las vacaciones, donde el desgaste es mayor. Esto también permite evitar en el momento de la comida sucumbir platos no tan sanos por culpa del hambre.

Tomar un desayuno consistente permite no dejarse seducir por cualquier tipo de comida. Además, permite equilibrar las comidas a lo largo del día. De esta forma, si solemos darnos gusto en la comida o en la cena, por qué no optar por un desayuno a base de frutas.

Las frutas, el mejor aliado

Normalmente, durante las vacaciones, nos olvidamos de aportar todos los nutrientes que proceden de las frutas y verduras, puesto que la tentación de productos azucarados como los helados o los granizados nos tientan demasiado.

Para garantizar que comemos la tasa de frutas y verduras necesaria para alcanzar el nivel adecuado, debemos llevar siempre una fruta con nosotros, en caso de sentir hambre. Por ejemplo, si salimos de excursión, debemos incluir siempre frutas como plátano y melocotones para no desfallecer durante el ejercicio.

No debemos olvidar que las frutas son ricas en diversos tipos de nutrientes, pero también son muy ricas en agua, ideal para hidratarse a lo largo de toda la jornada.

Dieta-sana

Helados caseros versus helados industriales

Cuando hace calor, todos tenemos ganas de comer un helado. Pero antes de optar por un helado industrial, normalmente rico en azúcares y aditivos, lo mejor es optar por helados artesanales. Estos están fabricados con ingredientes tradicionales, contrariamente a los helados industriales que contienen polvos y otro tipo de sustancias conservantes.

Para saber si los helados son artesanales o no, basta con acercarse a la vitrina de la heladería, y descubrir la etiqueta que indica claramente que se trata de un helado artesanal o de un helado hecho a mano.

Pero si además, durante el verano nos preocupamos de nuestra línea, lo mejor es optar por sorbetes y no por helados. Efectivamente, los sorbetes tienen menos calorías y se fabrican a partir de frutas. Por el contrario, los helados están fabricados con materias grasas y el sabor lo suele producir un tipo de jarabe de fruta muy dulce.

Evitar las bebidas dulces

En caso de altas temperaturas no conviene beber ningún líquido endulzado. Primeramente porque estas bebidas son una bomba calórica, pero también porque son ricas en azúcares, lo que evita que sean realmente productos para combatir la sed. Todo lo contrario, normalmente este tipo de bebidas producen más sed todavía.

Estas bebidas son ricas en aditivos, lo que hace que no sean productos muy aconsejables. Para hidratarse durante las vacaciones, lo mejor es beber agua, infusiones heladas a base de frutas, o bebidas con poco azúcar añadido. No nos olvidemos que también las frutas, concretamente la sandía y el melón, y también ciertas verduras como el pepino, son una forma excelente de eliminar la sed.

No abusar del alcohol

Durante los periodos de vacaciones, solemos consumir más alcohol que de costumbre. Por ejemplo, bebemos un poco más de vino durante la comida, o incluso en la cena nos atrevemos con un cóctel, si estamos en la playa, o con otro tipo de bebidas alcohólicas, si pasamos buena parte de la noche en una terraza.

En el alcohol hay muchas calorías y normalmente azúcares. Pero en cualquier caso, si no podemos resistirnos a un cóctel veraniego, debemos siempre hacerlo con moderación y alternar el alcohol con un vaso de agua, sobre todo cuando las temperaturas son demasiado altas.

Comer ensaladas

Por culpa del calor, y en tiempo de vacaciones, todos nos decantamos por tomar comidas más ligeras. Esto es una buena noticia porque nos abre las puertas a una amplia gama de ensaladas de todo tipo, y con multitud y variedad de ingredientes.

Los restaurantes saben ofrecer deliciosas ensaladas, desde las más clásicas a las más exóticas. No cabe duda de que es el mejor momento del año para saborear este plato indispensable para una buena dieta y un equilibrio nutricional.

Equilibrio alimenticio

Si nos dejamos seducir por el hambre y la enorme oferta de restaurantes que ofrecen platos de todo tipo, y no siempre de los más saludables, terminaremos por engordar entre 2 y 3 kilos en vacaciones.

De todas formas, no conviene poner el grito en el cielo, un extra en verano, de vez en cuando, tampoco descabala el ritmo anual de la dieta cotidiana. En el fondo es una cuestión de compensación. Si por ejemplo a mediodía nos hemos saltado la norma, después en la cena podemos comer mucho más sano.

Ciertamente, el secreto está en equilibrar la alimentación a lo largo de todo el día. Si a mediodía nos dejamos tentar por una hamburguesa con patatas fritas, por la noche podemos compensarlo con una ensalada, rica en frutas y en variedad de verduras.