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Es la selección sexual la que nos empuja a ir en masa al cirujano plástico. Nosotras queremos corregir los elementos que nos diferencian de nuestros semejantes (mentón sobresaliente, orejas de soplillo), acentuar nuestros signos de fecundidad y de sexualidad (senos, labios), hacer desaparecer los signos de una mala salud (acné, piel grasa, dientes amarillos, uñas frágiles, cartucheras…) y naturalmente que nos aspiren nuestra grasa que está de más para evitar dar la impresión de estar encinta o de tener sobrepeso.

El instinto de belleza se manifiesta a todos los niveles de las relaciones sociales entre hombres y mujeres, incluso cuando no es cuestión de sexo. Esto está ligado, no sólo al instinto de reproducción del hombre, sino también a su instinto de protección. El hombre es un protector de las mujeres por excelencia. Por esta razón, las mujeres bonitas suelen destacar entre las demás, y de esta manera consiguen que se les perdone más fácilmente sus errores.

El instinto de protección

Pero no debemos extrañarnos si las mujeres felices también acuden al cirujano plástico. Estas acuden por impulso de su instinto de protección social. Además, las mujeres saben que las más bellas tienen más posibilidades de ser protegidas, lo que mejora su belleza de mujerestatus, incluso con relación al resto de mujeres. De hecho, por esta razón, las mujeres se preocupan en exceso de la belleza de otras mujeres, más que de la belleza de los hombres.

Efectivamente, como las mujeres más bonitas tienen más posibilidades de encontrar un protector potente, también tienen más posibilidades de acceder al poder. El poder es pues la prolongación de su poder de seducción. La búsqueda de la belleza es sobretodo algo muy útil, puesto que determina en gran parte la posibilidad de reproducción.

Fuera de los juegos amorosos, la belleza es más importante todavía para el bienestar de las mujeres. Las mujeres atractivas suelen encontrar trabajo con mayor facilidad, son más felices, puesto que están mejor vistas en su entorno, tienen parejas que han alcanzado el éxito en su vida, y por lo tanto tienen más posibilidades de que sus hijos tengan éxito, es decir, se ven mejor tratadas por sus semejantes.