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No hay nada tan natural como el bronceado. Nuestra piel tiene los mecanismos necesarios para defenderse del sol. Sin embargo, las cuestiones estéticas no siempre van de la mano, y a algunas mujeres les gustaría gozar del color moreno durante todo el año.

El sol y la piel

Tenemos la impresión de renacer, cuando aparecen los primeros rayos de sol, tras un invierno frío y gris. La piel sabe reconocer la luz y se defiende de ella como mejor puede. En efecto, los rayos UVA y UVB conllevan un envejecimiento acelerado de las células de la piel.

El mecanismo del bronceado

La primera protección consiste en hacer más gruesa la capa córnea, la más superficial, formada principalmente por células muertas. La cantidad de rayos que penetran hasta el corazón de la piel, disminuye considerablemente. El segundo mecanismo es el bronceado propiamente dicho.

Las células encargadas de producir la melanina, un pigmento natural que funciona como coraza frente a los rayos del sol, aumentan su actividad y la melanina alcanza las capas exteriores de la epidermis en mayor cantidad. De esta forma obtenemos el tinte cobrizo que tantas mujeres envidian.

Sin embargo, no debemos sobreestimar la función de la melanina, puesto que no garantiza ni impide el envejecimiento cutáneo, ni el aumento del riesgo de cáncer durante las prolongadas exposiciones solares.

Es posible, con una buena preparación mejora el bronceado, y sobretodo la salud de nuestra piel. El primer consejo es de ir exponiéndose al sol de manera progresiva. A la piel debemos ir acostumbrándola al sol, protegiéndola siempre con una crema solar.