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Cuidar la piel debería ser la divisa de todas aquellas mujeres que desean conservar una buena salud a lo largo del año. Desde esta óptica, uno de los cuidados más recomendados para prevenir la sequedad cutánea es la leche hidratante.

Con el fin de evitar cualquier error de comprensión, debemos saber que una leche hidratante no es una crema hidratante, puesto que no contiene ningún tipo de agentes limpiadores, y su textura no permite que se la califique como tal.

Sus virtudes son parecidas a las de una crema hidratante, ya que permite que la piel conserve su suavidad y elasticidad. La leche es más fluida y más ligera que la crema hidratante.

De esta forma, en pocos segundos consigue penetrar en la piel, y la sensación de frescor es más rápida y agradable, sin que manche ni brille a la luz del sol. La hidratación se consigue por la aplicación de una pátina grasa y acuosa que hidrata la piel e impide que el agua se evapore.

Para mayor eficacia, se debe aplicar a diario sobre el conjunto del cuerpo, tras la ducha, con el fin de favorecer su penetración. Existen varios tipos de leches corporales hidratantes.

En cualquier caso, no olvidéis que la elección de la leche debe estar en función de vuestro tipo de piel. Efectivamente, la leche utilizada debe adaptarse lo más posible a vuestra piel para que sea lo más eficaz posible y evitar así cualquier tipo de reacción alérgica.

Se debe insistir en la relación que existe entre tipo de piel y naturaleza de la leche hidratante. Por ejemplo, para una piel grasa, que presenta brillos de forma permanente, y un aspecto aceitoso como resultado de un exceso de sebo, se debe usar una leche no grasa que además proporcione frescor.

Por el contrario se deben evitar las cremas que sequen la piel. Las leches con antibrillos y reguladores son las más aconsejables.