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Más moderno que nunca, la boda, el famoso vestido y el soberbio banquete siguen estando de moda, y nadie quiere perdérselo el día de su enlace matrimonial. Esta institución ancestral con tanto encanto, y que en un tiempo parecía estar en desuso, ha sabido superar la crisis del tiempo y mantenerse de nuevo en el puesto que le corresponde dentro de las costumbres de nuestra cultura.

Ahora vuelve a estar de moda, y es signo de glamour: la boda ya ha dejado de ofrece esa imagen de celebración encorsetada que la caracterizaba hasta ahora.

Son muchas las razones que hoy en día han conseguido que la boda vuelva a recuperar su sitio en el corazón de los españoles. Primeramente, están las parejas de hecho, una competencia que no lo es en realidad, puesto que esa montaña de papeles que las caracterizan es mucho más engorrosa que otra cosa. Efectivamente, en este tipo de celebraciones civiles no hay ningún tipo de misterio, ni de aventura…

En cuanto a la boda, una vez que os habéis puesto el vestido de novia, el banquete acabado, y los vestidos de las damas de honor bien lucidos, viene algo que es imparable. El compromiso mutuo, la aventura y el riesgo de compartir la vida entre dos. NoviaY en este período de crisis que atravesamos todos, no hay nada mejor que sentirse segura junto al hombre del que estamos enamoradas. Por muchos problemas que haya a nuestro alrededor, siempre podemos conservar el «capital» del amor.

El vestido de novia siempre de moda

Todas estamos convencidas de que la boda es un momento de los más glamurosos de nuestra vida. Y las estrellas de cine o de la pequeña pantalla nos ayudan todos los años a redescubrirlo. Eva Longoria y Tony Parker que se unieron en un castillo de Francia; Scarlett Johansson que se hizo diseñar el vestido por Stella Mc Cartney, una de las estilistas más en boga del planeta; Nicolás Sarkozy y Carla Bruni, cuya boda fue de las más comentadas de la historia, por tratarse del enlace de una modelo con un Presidente de un país.

En una época en la que todo es incertidumbre, la boda, signo de estabilidad, ha pasado de tener el estatus de obligación al de deseo… ¿quién lo hubiera pensado hace unos años?