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Si sois de ese tipo de mujeres que os levantáis con el pie izquierdo, o que tardáis una hora en el cuarto de baño antes de expresar una sola palabra, os proponemos una serie de trucos que, sumados a vuestros habituales ritos de belleza, os ayudarán a empezar el día de forma diferente.

La ducha

Lo primero que suelen hacer las mujeres al levantarse es darse una ducha. Recordad que el agua fría puede ser un buen estímulo para embellecerse. Para las más atrevidas, un chorro de agua fría sobre el pecho, cierra los poros y permite mantener durante más tiempo la tonicidad de los senos.

Otro método, quizás menos agresivo, es el de mojar los pies con agua fría, y después ir remontando por el cuerpo, desde los tobillos hasta las rodillas. Con este sistema activáis la circulación de la sangre. Si lo hacéis poco a poco, la sensación será menos fuerte y desagradable.

La hidratación

La regla de oro de una buena hidratación es la de realizarla. Muchas mujeres no suelen hidratar su piel, que sin duda es la mejor garantía contra el envejecimiento de la piel. Si os parece un trabajo poco estimulante, os proponemos tres soluciones.

Variar los placeres: la rutina es cruel, como todos sabemos. Si alternáis con diferentes Mujer en la duchacremas perfumadas y escogidas con cuidado, encontraréis mayor motivación para hidrataros a diario. Existen muchas gamas de cosméticos que se adaptan a cada tipo de piel.

Algunas mujeres piensan las cremas son un inconveniente porque se pegan a la ropa, y las prisas de la mañana no les dejan tiempo para tanto cuidado personal. Sin embargo existen productos hidratantes que se absorben rápidamente: cremas ultra ligeras, aceites secos, bálsamos hidratantes en spray… En función del tipo de piel, estas alternativas pueden ser una buena solución.

Por otro lado, hacer de la hidratación un momento de sumo placer al comienzo de una mañana estresante, puede ser un buen plan. Si pensáis que no tendréis el tiempo suficiente para deteneros a extender la crema, basta con levantaros diez minutos más temprano, o que acortéis el tiempo de la ducha. La piel siempre lo agradecerá y vuestro cuerpo estará mejor preparado para afrontar un ritmo frenético de trabajo.