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La ducha de por la mañana es un gesto que solemos despachar rápido antes de coger el metro, y meternos en un atasco para llegar la trabajo. Es algo así como una ducha «despertador». Sin embargo, la ducha de la tarde-noche es otra cosa bien distinta que merece toda nuestra atención.

Preparativos

Para disfrutar al máximo se deben preparar y tener al alcance de la mano los siguientes accesorios:

Un gorro de ducha o varias pinzas para sujetar el pelo y que no se moje.

Un gel de ducha.

Una esponja o lufa.

Un cepillo de uñas.

Una piedra pómez o parecida.

Un exfoliante (una o dos veces por semana)

Un guante de crin.

Una leche o una crema corporal.

Polvo corporal o polvo de talco.

Una o dos toallas lo bastante grandes para secarnos bien.

En la ducha

Dejar que el agua corra hasta que alcance la temperatura deseada. Debéis saber que el agua hirviendo, si se utiliza todos los días, no es buena para la piel, ni tampoco para el corazón. Humidificar el cuerpo y poner un poco de gel en el guante o la esponja. Enjabonar el cuerpo haciendo que el producto haga espuma. No irritéis la piel frotando exageradamente.

La espuma del jabón limpia la piel, y no la fricción con la esponja o el guante de ducha. Normalmente, el cuerpo no está sucio (salvo que trabajemos en una mina de carbón), por lo tanto es inútil decapar el sebo e irritar sin sentido la piel, destruyendo su protección natural.

En vez de usar un guante de baño, se puede utilizar un lufa, que previamente habremos impregnado de jabón. Esta esponja natural es ligeramente exfoliante, y trata la piel con mucha suavidad.

La piedra pómez se debe aplicar en los talones y los dedos de los pies, y allí donde la piel está rugosa, seca o dura. Un pasada con la piedra pómez en las rodillas y los codos, y se puede dar por terminada la sesión acuática.