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A veces son las cámaras de fotos las que se estampan contra George Michael. Esta vez ha ocurrido lo contrario, ha sido el cantante el que se ha estampado contra ellas, o al menos contra la vitrina de un establecimiento de fotografía.

La causa: el alcohol, mezclado con otro tipo de substancias que, a quienes lo toman, les hace perder los nervios y el propio control de su vida.

Los análisis no lo prueban al 100%, pero parece ser que las tasas de alcohol y droga en sangre superarían lo políticamente correcto. El caso es que el accidente no ocurrió en cualquier momento y hora del día, y que lamentablemente llevó al artista a ser detenido.

Eran alrededor de las 3’00 de la madrugada, cuando se escuchó un tremendo estruendo en Hampstead, un barrio londinense situado a unos seis kilómetros, al noroeste de Trafalgar Square, donde George Michael tiene su residencia.

El ex-componente de Wham empotró su coche contra el escaparate de una tienda. Lo malo es que sus antecedentes de toxicómano no hablaban en su favor, a pesar de que la policía lo soltó tras el pago de una multa.

Desde aquí nos atrevemos a dar un consejo a Michael: si bebes no conduzcas. Quizás así, la próxima vez que quiera excederse en los límites de lo que se debe consumir para no perder los frenos, se decida a coger un taxi.