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Desde siempre, las mujeres han utilizado los beneficios de la naturaleza para mejorar su belleza. Las romanas eran unas grandes aficionadas a la mascarilla a base de uvas. Purificadoras, reafirmantes, estimulantes, o calmantes, hidrantes, reconfortantes, las frutas ofrecen multitud de posibilidades y variedades.

El albaricoque, cuya eficacia exfoliante es reconocida por todos, el higo verde que activa la renovación celular, pasando por la exótica papaya que alisa la piel, o la granada con un fuerte poder antioxidante, todas contienen activos que terminan componiendo las fórmulas de belleza para el cuidado de la piel.

El poder exfoliante de la fruta no es su única virtud. Las frutas con hidratantes y revitalizantes y juegan con los cuidados cutáneos cuando vienen mezclados con leches o cremas emolientes. Las frutas también tienen una acción antiarrugas, especialmente si son utilizadas para fórmulas de choque o con aceites esenciales.

Fruta y fórmula cosmética

Los productos de belleza no se limitan a una acción puramente mecánica de mantenimiento o de corrección de la piel. A la hora en la que la aromaterapia, los productos de spa o zen ocupan un lugar predominante en el baño, no deberíamos olvidarnos de la demanda en cuestión de cosmética. Una leche hidratante, por ejemplo, no debe hidratar exclusivamente.

Una leche hidratante debe estimular los sentidos, tonificar o relajar. Puesto que mantenerse bella también es cosa de sentirse bien en su propia piel, la dimensión sensorial de un producto es tan importante como su eficacia.