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El paso del tiempo nos afecta a todos de manera parecida: salen marcas en el cuerpo, acentúa las rayas de la piel, provoca una serie de arrugas. El envejecimiento de la piel es sin duda el elemento más visible de este fenómeno y se convierte así en una las mayores preocupaciones de la mujer.

Pero, antes de preocuparse más de la cuenta, comencemos por intentar comprender lo que es realmente el envejecimiento de la piel. Este término designa a un fenómeno complejo: se considera que la piel envejece cuando sus células se renuevan menos rápido que lo que se destruyen.

Las células de la piel y las capas internas de la piel se degradan poco a poco. Se observan tres fenómenos principales. Primeramente, las células de la epidermis (de la superficie de la piel) se renuevan a menor velocidad.

La piel se hace más vulnerable a los rayos UV y la cicatrización de las heridas se hace más lenta. En segundo lugar, los capilares de la dermis (que alimentan la piel) se degradan, los tejidos están menos irrigados por el oxígeno y los nutrientes indispensables.

La piel adquiere un tono más pálido, las marcas aparecen sobre el rostro y las toxinas se eliminan con mayor dificultad. Finalmente, el colágeno (capa profunda de la piel) se hace más delgada. La piel se hace más vulnerable y menos flexible. Según los especialistas, a partir de los 30 años de edad, los tejidos de la piel comienzan a degradarse y a perder su tono natural.

El envejecimiento de la piel es un proceso natural irreversible. No existe ninguna solución milagro o de elixir de la juventud capaz de parar este proceso. Sin embargo, es posible atenuarlo y ralentizar los efectos del envejecimiento de la piel, adoptando una buena higiene de vida.

La primera solución para combatir el envejecimiento de la piel es la prevención. Ciertos factores pueden acelerar el fenómeno como el consumo de tabaco. Se trata igualmente de protegerse del sol para evitar los efectos nefastos de los rayos UVA sobre la piel.

También se recomienda mantener una alimentación sana, rica en fibras (fruta y verduras) y en ácidos grasos esenciales. Finalmente, el secreto consiste en saber cuidarse, con una limpieza regular de la piel a base de un jabón suave, e hidratándose con ayuda de ciertas cremas apropiadas.