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Al igual que vuestra piel y vuestro cuerpo, el pelo va cambiando con el tiempo. El pelo tiene tendencia a ser menos voluminoso, menos espeso, y se van volviendo blancos, perdiendo su tono natural. Veamos una serie de consejos para volver a darles el máximo de vitalidad.

La caída del pelo

Se habla de alopecia androgénica: los hombres son los que más sufren este problema, y normalmente comienza a nivel de la capa superior de la cabeza, hasta llegar a la calvicie. Pero las mujeres también pierden el cabello: la caída del pelo comienza en el momento de la menopausia.

En las mujeres, este fenómeno conlleva una disminución del volumen capilar, particularmente en la zona superior de la cabeza. Existen tratamientos médicos que puede ayudar a frenar este deterioro. Como prevención, el uso de champús anticaída son muy eficaces.

La pérdida de densidad

Al igual que la piel, con la edad, las células del cabello funcionan con más lentitud. Resultado: el pelo se debilita, se hace más fino y termina rompiéndose. Con el mismo principio que los cuidados antiedad, las mascarillas capilares vuelven a dar al pelo los elementos nutritivos que le falta, además de fortalecer la fibra capilar.

Consejo: cubrid el pelo con una toalla, dejándola que se empape bien antes de secar el pelo con el secador de mano, evitando así que se fragilice más todavía.

Las canas

A partir de los 50 años, y quizás antes en algunas mujeres, el pelo pierde su pigmentación natural y empieza a blanquearse. No se trata de una fatalidad. Muchos peluqueros afirman que el cabello blanco puede embellecer mucho a la mujer: suaviza los rasgos de la cara, ilumina el tono de la piel, da relieve al cabello y son un signo distintivo de personalidad.

Pero, esto es verdad si se cuidan al mismo tiempo. En el programa de tratamiento debemos incluir un champú que evite el color amarillento, al igual que un corte que nos aleje de un look demasiado informal.

La falta de tono

Porque son más frágiles, más finos y menos abundantes, el cabello se debe cuidar con mucho mimo. Cada vez que os lavéis el cabello, debéis realizar un masaje en el cuero cabelludo.

Durante el tiempo que llevéis puesta una mascarilla, colocad la yema de los dedos sobre la cabeza, moviendo el cuero cabelludo, con movimientos amplios hacia delante y hacia atrás. Con esto ayudaréis a optimizar los efectos de los activos que estáis aplicando.